
Se dice que algo, o alguien, es divisivo cuando tiene la capacidad de generar opiniones encontradas y ahora que por fin el Mundial termina nada ha sido más divisivo que la Selección Argentina representada por su capitán Lio Messi que enfrentará a una España que hoy tiene más fanáticos (léase villamelones) que nunca. Argentina siempre los ha tenido y ahora se multiplican gracias al fenómeno mediático en el que se trata de convencer al mundo que Messi es el mejor jugador de todos los tiempos.
Aclaro que incluir a Messi en la conversación anterior es válido. Un servidor, como millones, admiró al fenómeno que fue fichado a los 13 y debutó a los 17 con el Barcelona y desde los 18 impresionó en la albiceleste por su agilidad y excelente manejo del balón. Pero por favor, que no venga a declarar, tras decadas de una ‘dieta’ que ayuda al crecimiento entre otras cosas, que en este torneo “nadie les regaló nada” apoyando las declaraciones de su entrenador que no hay equipos fáciles, insinuando que el camino de Argentina a la final ha sido igual de complicado que los demás.
¡Por favor! Que les crean los Argentinos, todos los demás sabemos, independientemente de la calidad de los jugadores, que insisto, no estamos negando, que la selección ha tenido ayudaditas. Comentaba en mi texto pasado la misteriosa goleada a Peru en el 78. Nadie olvida, menos ahora que nos la repitieron ad nauseaum la “mano de Dios” en el 86. Los dioses del futbol bendicen a Argentina desde hace mucho y al parecer le van a entregar unos cuantos partidos del próximo Mundial. En este, desde la controversial falta no marcada al capitán en el primer partido hasta el arbitro pitando el final de la primera mitad de la semifinal cuando tocaba un tiro de esquina Ingles, los rumores de las pequeñas cositas que siempre favorecen a los Sudamericanos se han visto con mejores lupas que nunca.
Y ese es el problema de Messi, el problema del deporte profesional en general, el exceso de información y ‘análisis’ aunado a unas ligas y organizaciones que, como sistema, defienden y favorecen, tal vez incluso ‘sin querer queriendo’, a sus estrellas, generando la división antes mencionada. A Jordan en la NBA, a Maradona, a Tom Brady en la NFL, por mencionar a los tres más obvios, casi siempre les pitaban a su favor, pero ahora que hay más cámaras, mas dineros turbios y más avaricia en el deporte profesional, esa misma preferencia a gente como Mahomes, LeBron, CR7 o Messi, genera cansancio en el aficionado común y odio en el fanático rival.
Recordemos que este es un juego y es para entretenerse y nada más. Espero que la final sea entretenida, no tengo perro en la pelea y le puse dinero al empate tras noventa y el alargue. El escenario perfecto, para mí, sería que pierda Argentina en los tiros penales debido a un error de Messi, quien pondrá cara triste por unos segundos, hará declaraciones para soltar el llanto de un pueblo argentino que seguirá soñando que les devuelvan las Malvinas mientras el regresa a vender cerveza y cobrarle su sueldo a los accionistas de Apple.

Por Hernán Mena
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