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La angustia de ser Azul

La angustia de ser Azul

La mayoría de nuestros lectores lo saben, pero para los que no recordaré que soy aficionado de Cruz Azul desde que tengo memoria y eso se remonta al año de 1974 cuando derrotaron en la final al Atlético Español, partido que observe, con la excelente narración de Ángel Fernández, en una tele Phillips (o tal vez Philco) acompañado de mis tíos y primos. Celebraban el tricampeonato y la época de gloria. En el México de los 70’s estaba el Cruz Azul y uno que otro equipito que a veces sorprendía y llegaba a la final.


Pero todo eso cambió en 1981 cuando Hugo Sanchéz se despidió de México ayudando a los Pumas a derrotar a los Celestes con dos golizas para levantar la copa. El fin de una era que observamos en aquellos tiempos mediante una Zenith a todo color conectada a un regulador Koblenz que pisabas para encender y cuyo “clac-clac” es inolvidable.
Tengo dos tíos de nombre Luis, uno es fanático de los Pumas y hasta la fecha, hoy que es viejito y no sé acuerda de mucho, cuando me ve siempre me dice “te acuerdas de la madriza que les pusimos en el 81”. Mi otro tío Luis, que en paz descanse, era aficionado de Chivas y también estaba con nosotros aquella tarde gozando la derrota pues siempre criticó, sobre todo, el estilo del director técnico Ignacio Trelles que “sólo mete su golecito y luego juega cu** al contragolpe”.


Algo de verdad había en esa frase, pero aquel cuadro de Marín, López Salgado, el “Wendy” Mendizabal y muchos otros sembró la semilla de un equipo que en los últimos 40 años, pese a varios altibajos, casi siempre ha estado en los primeros lugares de la tabla, conseguido dos campeonatos más y llegado otras 11 veces, incluida la actual, a la final de Liga del Futbol Mexicano quedando 10 de ellas como subcampeón, varías de ellas tras sufrir hasta el último tiro de la serie de penales.


Es por eso que ayer, pese a que soy aficionado, por momentos me sentí igual de irracional que cualquier fanático, gritándole a la tele, diciendo que hasta yo pudiera tirar un mejor centro o hacer una mejor jugada (y de poder puedo, definir una sola jugada, ver como me llegue el balón sería otro tema), viendo a mi equipo fallar una, y otra, y otra, y otra vez, además de sufrir un par de sustos en contrataques de los Pumas pues considero que Mier es más un payaso profesional que busca la atajada fotográfica que un portero confiable (y el que me crea solo mire a la portería contraria en esta final, donde si hay portero de verdad).


Otro empate en el de ida, otra “final-final” en casa del rival. ¿Otro domingo lleno de angustia que termine en la “tragedia” de ser el eterno subcampeón de México. Quien sabe, solo queda esperar una vez más.

Por Hernán Mena
hernanmena@lagambetasportscarolinas.com

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